16 octubre 2006

La Nostalgia de..., un año ha sido suficiente.


El pasado 24 de septiembre nuestro buen querido Akela publicó un, no tan extenso artículo, sobre la nostalgia que lo embargo al presenciar el pase de nuestra también, muy querida Terva. Cuando leí aquel artículo, me di cuenta de que no fue necesario haber vivido aquellos tres esplendidos años de los cuales Akela nos narra con tanto afecto, apenas un año ha sido suficiente para encariñarme con los niños y niñas. Un año en el que he aprendido tantas cosas, quizá yo no pueda describirles con tanta precisión los detalles de este último año, como lo descrito por los tres pasados años…, en fin. Apenas hoy (16 de octubre) me puse a recorrer rápidamente el flickr de la Manada, y me di cuenta de que es el tiempo, el que pasa más rápido de lo que uno puede imaginar. Cuando entre a la Manada, les puedo asegurar, que entre con la firme idea asistir a la excursión y no volver más, aquella primera excursión a Peñas San Isidro. Pero la percepción que tuve de lo que implicaba estar de este lado (del lado scouter), distaba completamente de lo que yo en un principio había idealizado, al regreso con mis ideas totalmente contrarias, acepte lo que en un inicio fue un simple servicio a la sección, pero poco a poco ese servicio se fue tornando oficio, quizá no fue hablar sobre una vocación, pero si una vocación de servicio, ¡porque hay que tener vocación para esto! (aunque sea tantita)…, en fin. No me puedo quejar, definitivamente no lo puedo hacer.
Esas fotos, de las que les hablaba en un inicio, en este preciso momento están en mi mente, bombardeando mi subconsciente de imágenes realmente descriptivas, de vivencias tan únicas, de hechos tan..., que puedo decir, indescriptibles con un par de palabras, y es que lo que los hace tan único son sus sonrisas, su carácter de niños, su inocencia (aunque algunos lo puedan dudar), su simple gusto por disfrutar del momento, y es precisamente eso, su gusto por reír de la vida, lo que nos contagia tanto, y así mientras se evocan imágenes, conscientemente trato de imprimirlas con palabras insuficientes para lograrlo.
Después de un año, de trabajo con ellos, he aprendido dos cosas fundamentales, en primer lugar ubico la paciencia, uno no puede llegar a descargar sus frustraciones personales sobre quien asiste por simple gusto, y le sigue el disfrutar del momento al máximo, creo que no tengo que profundizar en esto, basta con decir que aprendí a reír un poco más, más de lo que espere en un inicio.
Así es como yo, con tantas vivencias, puedo resumir con tan pocas palabras un año que realmente dudo poder, siquiera pensar en comenzar a olvidar.
Raksha (Ana Laura)